Sea como fuere, la ingeniería genética y el cultivo hidropónico han abierto horizontes, creando variedades impensables hace apenas una década. Los bancos de semillas están ahí, abiertos a cualquier innovación. El aspirante a la autosuficiencia sólo tiene que conseguir buenas simientes, preparar su equipo y enterrarlas una a una en los cabellos de Pele que hoy se llaman rockwool, lana de roca. Clandestinos sacerdotes de la diosa Démeter cuidaron -y cuidan- de que ese acto fructifique.