La temperatura, factor crucial del cultivo a cielo abierto, es otro capítulo en la hidroponía de interiores. Las plantas se desarrollan óptimamente entre 22 y 24 grados, pero admiten -sin sufrir- que el ambiente descienda hasta 15 durante la oscuridad, y se eleve hasta 32 e incluso 38 en la fase de máximo calor.
Salvo en zonas gélidas, el cultivo de interiores (sea en un sótano, un ático o cualquier otro cuarto) tendrá pocos problemas, debido a las condiciones aislantes del inmueble y el calor añadido de las lámparas HID. Evidentemente, si hace demasiado frío será preciso añadir a la habitación una estufa. Problemas superiores puede ofrecer un ático en verano -pues generar frío resulta bastante más caro que generar calor-, pero siempre es posible interrumpir el cultivo durante la canícula, o avenirse al acondicionador de aire. Lo único seguro es que el rendimiento se reduce progresivamente, a medida que la temperatura abandona el margen ideal de 22-24 grados; aunque bajar hasta los 10 es más duro para la planta que sufrir una media de 30-32, ambas cosas deberían evitarse.
Salvo en zonas gélidas, el cultivo de interiores (sea en un sótano, un ático o cualquier otro cuarto) tendrá pocos problemas, debido a las condiciones aislantes del inmueble y el calor añadido de las lámparas HID. Evidentemente, si hace demasiado frío será preciso añadir a la habitación una estufa. Problemas superiores puede ofrecer un ático en verano -pues generar frío resulta bastante más caro que generar calor-, pero siempre es posible interrumpir el cultivo durante la canícula, o avenirse al acondicionador de aire. Lo único seguro es que el rendimiento se reduce progresivamente, a medida que la temperatura abandona el margen ideal de 22-24 grados; aunque bajar hasta los 10 es más duro para la planta que sufrir una media de 30-32, ambas cosas deberían evitarse.