A título genérico, supongamos que de una planta se separan algunos esquejes, cuidando de cortar a medio camino entre dos nudos o yemas, con una tijera bien afilada y siguiendo un ángulo de 45 grados.
Cada esqueje tendrá varias hojas, que al menos en parte habrán de podarse nuevamente, pues una o dos yemas deben quedar bajo la superficie, y otras dos por encima. A medida que van obteniéndose, los esquejes deben sumergirse en un vaso de agua tibia, para evitar que se aloje una burbuja de aire en el minúsculo agujero del tallo y bloquee la corriente de transpiración, pues si sucede tal cosa perecerán en 24 horas. Tras medio día de oscuridad, se humedecen o untan (según sea líquido o sólido el producto) unos segundos con alguna hormona de raiz -disponible en tiendas de jardinería- y se plantan sobre un rockwool de grosor y profundidad suficiente, donde con un lápiz o cosa análoga hayamos hecho antes un orificio adecuado a su diámetro y longitud. Lo inmediato es regar con una solución suave de vitamina B1.
Cada esqueje tendrá varias hojas, que al menos en parte habrán de podarse nuevamente, pues una o dos yemas deben quedar bajo la superficie, y otras dos por encima. A medida que van obteniéndose, los esquejes deben sumergirse en un vaso de agua tibia, para evitar que se aloje una burbuja de aire en el minúsculo agujero del tallo y bloquee la corriente de transpiración, pues si sucede tal cosa perecerán en 24 horas. Tras medio día de oscuridad, se humedecen o untan (según sea líquido o sólido el producto) unos segundos con alguna hormona de raiz -disponible en tiendas de jardinería- y se plantan sobre un rockwool de grosor y profundidad suficiente, donde con un lápiz o cosa análoga hayamos hecho antes un orificio adecuado a su diámetro y longitud. Lo inmediato es regar con una solución suave de vitamina B1.