El célebre médico Silva, en un viaje que hizo a Burdeos, fue asediado a consultas por toda la ciudad.
Las más hermosas mujeres iban en procesión a quejarse de dolores nerviosos que las atormentaban.
Silva no decía nada, no daba ningún remedio.
Presionado para que explicase los motivos de su silencio, dijo en tono de oráculo:
-Eso no es nada nervioso, eso es la edad.
Al día siguiente, en todo Burdeos no se podía encontrar una sola mujer que se quejase de los nervios.
Las más hermosas mujeres iban en procesión a quejarse de dolores nerviosos que las atormentaban.
Silva no decía nada, no daba ningún remedio.
Presionado para que explicase los motivos de su silencio, dijo en tono de oráculo:
-Eso no es nada nervioso, eso es la edad.
Al día siguiente, en todo Burdeos no se podía encontrar una sola mujer que se quejase de los nervios.