Durante el apogeo de la Caza de Brujas terribles torturas fueron utilizadas para obtener información y confesiones. Mediante la tortura el inquisidor también lograba que la victima implicara a otros y así el también podía tener seguridad de trabajo y continuar la obra de Jesús. El Malleus Maleficarum indicó que la “justicia común exige que una bruja no sea condenada a muerte al menos que su propia confesión la condene”. La tortura era el medio aceptable para obtener dicha confesión.