El abuelo Rafael Lozano Vaquero, vecino y hacendado de estos pagos, contó al chiquillo Inocencio, hace ya más de sesenta años, que él había oído contar una historia de una matanza que se celebra en Las Balsillas. La matanza además de constituir una faena más entre los quehaceres serranos, era también una fiesta que congregaba a vecinos, familiares y amigos que lo mismo ayudaban al trabajo como luego se divertían como pocas y contadas veces lo hacían en el año.
Ya a a altas horas de la noche las mujeres dieron por concluidas las faenas del día: lavado de tripas y mondongos, calderadas de morcillas, chorizos, limpiezas de cacharros... y los hombres se dedicaban a pasar la velada en una acalorada partida de brisca.
Ya a a altas horas de la noche las mujeres dieron por concluidas las faenas del día: lavado de tripas y mondongos, calderadas de morcillas, chorizos, limpiezas de cacharros... y los hombres se dedicaban a pasar la velada en una acalorada partida de brisca.