En la siega se llegaba al tajo entre dos luces, cada uno con su hoz y su zoqueta, ésta última que era de madera, hueca por dentro para poder meter cuatro dedos de la mano izquierda con el fin de resguardarlos de la hoz y al mismo tiempo era la que recogía las manojos de la mies que cortaba la dicha hoz, las cuales se habían haciendo montones en los surcos, para después con estos montones de gavillas hacer los haces, que se ataban con los “vencejos” que se habían llevado remojados y metidos en un saco para que guardaran la humedad, en previsión de que no se partieran al atar los haces.