EL CARBÓN
La madera más gruesa, procedente de grandes ramas y troncos, era la utilizada para producir carbón. Para la preparación de estos hornos se apilaba la madera dejando una especie de pasadizo entre la boca de entrada y una la chimenea por darle el tiro al humo. Posteriormente el horno se completaba con una cobertura de pequeñas ramas con hojas, llamada bazisco o ballisco, y encima de ella una capa de tierra arcillosa apisonada que garantizaba la no combustión de la madera, puesto que de otro modo se prendería al leña y ardería, sin formarse el carbón. De esta forma solo quedan dos aberturas, la boca y la chimenea.
A través de la boca se prendía el horno, que evacuaba humo por la chimenea. Una vez encendido el horno debía ser controlado mediante losas de piedra en las dos aberturas que se tapaban o abrían a criterio de un experto carbonero. La finalidad de esta operación era conseguir una combustión lenta y precisa, que podía durar varios días según el tamaño del horno, debiendo apagarse éste por asfixia en el momento adecuado, sin precipitarse, ya que el carbón obtenido no sería bueno porque produciría humo al ser prendido, pero sin pasarse porque entonces todo quedaría convertido en cenizas.
La madera más gruesa, procedente de grandes ramas y troncos, era la utilizada para producir carbón. Para la preparación de estos hornos se apilaba la madera dejando una especie de pasadizo entre la boca de entrada y una la chimenea por darle el tiro al humo. Posteriormente el horno se completaba con una cobertura de pequeñas ramas con hojas, llamada bazisco o ballisco, y encima de ella una capa de tierra arcillosa apisonada que garantizaba la no combustión de la madera, puesto que de otro modo se prendería al leña y ardería, sin formarse el carbón. De esta forma solo quedan dos aberturas, la boca y la chimenea.
A través de la boca se prendía el horno, que evacuaba humo por la chimenea. Una vez encendido el horno debía ser controlado mediante losas de piedra en las dos aberturas que se tapaban o abrían a criterio de un experto carbonero. La finalidad de esta operación era conseguir una combustión lenta y precisa, que podía durar varios días según el tamaño del horno, debiendo apagarse éste por asfixia en el momento adecuado, sin precipitarse, ya que el carbón obtenido no sería bueno porque produciría humo al ser prendido, pero sin pasarse porque entonces todo quedaría convertido en cenizas.