Los conocimientos que tiene que tener el aficionado al reclamo para practicar esta modalidad son muchos y así tenemos: las costumbres de la patirroja, conocer con detalle y saber interpretar todos sus cantos y sonidos, saber cuidar a sus reclamos todo el año aportándole una alimentación equilibrada, elección de los distintos emplazamientos de los puestos y un sin fin de detalles y elementos adicionales como que cuando tienes las perdices cerca, no te cante el de la jaula, te entre un zorro, perro, águila, la Guardia Civil, un compañero que te “ espanta” la caza, hace demasiado viento, el de la jaula no recibe a las de monte, etc. que hacen posible que se eleve a la categoría de ARTE esta fascinante modalidad de caza.
Como hemos visto el matar es lo de menos para un buen cazador de pájaro, por lo que tenemos que centrarnos en los preparativos de todo el año con las perdices de jaula, ver donde vas a hacer el puesto, hacerlo (aunque hoy día existen los puestos portátiles, carecen del sabor de hacer un buen puesto después de subir un cerro y apilar piedras y ramas tapando todos los agujeros por los que te puedan ver las muy desconfiadas perdices), también es de vital importancia para un buen cazador el ambiente durante la caza con unos buenos amigos y compañeros de cacerías a los que contar las anécdotas junto a una buena lumbre y copiosa comida, aunque no hay que fiarse mucho de lo que se cuenta, ya que nadie dice que en tal sitio hay una perdiz que canta, ya que te la pueden matar antes que tú. De ahí el dicho de “Cazadores, sastres y zapateros, los más embusteros”. A este ambiente es al que nos vamos a referir en este relato, siempre según la experiencia de un buen cazador de toda la vida: José Valdivieso Ramón, dueño de la Churrería de los Caños Dorados de Baza, lugar desde siempre dedicado a punto de reunión de los cazadores de Baza tanto al amanecer como al atardecer para contar historias relacionadas con la caza. Actualmente este local ya no existe como tal debido a su merecida jubilación, pero ha existido desde que su padre lo tuviera.
Como hemos visto el matar es lo de menos para un buen cazador de pájaro, por lo que tenemos que centrarnos en los preparativos de todo el año con las perdices de jaula, ver donde vas a hacer el puesto, hacerlo (aunque hoy día existen los puestos portátiles, carecen del sabor de hacer un buen puesto después de subir un cerro y apilar piedras y ramas tapando todos los agujeros por los que te puedan ver las muy desconfiadas perdices), también es de vital importancia para un buen cazador el ambiente durante la caza con unos buenos amigos y compañeros de cacerías a los que contar las anécdotas junto a una buena lumbre y copiosa comida, aunque no hay que fiarse mucho de lo que se cuenta, ya que nadie dice que en tal sitio hay una perdiz que canta, ya que te la pueden matar antes que tú. De ahí el dicho de “Cazadores, sastres y zapateros, los más embusteros”. A este ambiente es al que nos vamos a referir en este relato, siempre según la experiencia de un buen cazador de toda la vida: José Valdivieso Ramón, dueño de la Churrería de los Caños Dorados de Baza, lugar desde siempre dedicado a punto de reunión de los cazadores de Baza tanto al amanecer como al atardecer para contar historias relacionadas con la caza. Actualmente este local ya no existe como tal debido a su merecida jubilación, pero ha existido desde que su padre lo tuviera.