Una vez hemos conocido con detalle a estos personajes de leyenda, nos centraremos en nuestra zona. Ya en el artículo de la Fábrica de Pardo (Lugares de interés: Fábrica de Pardo), podemos leer que había una “fundición de plomo, y el mineral se extraía por las inmediaciones del Barranco de la Fonfría, en la zona del Barranco Perrera, donde aún hoy es posible localizar algunas bocaminas y particularmente las chimeneas de ventilación, abiertas peligrosamente al mismo nivel del suelo sin protección alguna. Se cuenta que por una de estas chimeneas de ventilación en la posguerra cayó y murió un guardia civil que perseguía a unos maquis (llamados emboscados en esta zona). Esta chimenea es conocida como la Bocamina del Guarda, en recuerdo de este triste episodio.”
Además y según me contaba mi padre, José Valdivieso Ramón, conoció a los maquis y cuando visitaban a algunos cortijos de nuestra sierra, al meter la yegua en la cuadra, veía como grupos de personas escondidas allí encogían las piernas, a lo que su padre (mi abuelo: José Valdivieso Martínez), le decía que callara y que no había visto nada. De esta manera no se metían en problemas.
También cuenta que en el cortijo de Fuente Hellín, llegaron un grupo de Guardias Civiles con un muerto atado a un caballo. Obligaron al cortijero a que lo bajara al suelo, pero al ver el estado en el que se encontraba dicho cadáver se murió de la impresión. Y es que la forma que tenía la Guardia Civil de atrapar a estos personajes era, además de lo ya explicado anteriormente, el acecharlos como a conejos a la salida de las cuevas que hay por toda la sierra. Cuando salían, les disparaban y si no salían, les prendían fuego a la boca de la cueva como se hace con los zorros cuando quieren que salgan de la zorrera.
Además y según me contaba mi padre, José Valdivieso Ramón, conoció a los maquis y cuando visitaban a algunos cortijos de nuestra sierra, al meter la yegua en la cuadra, veía como grupos de personas escondidas allí encogían las piernas, a lo que su padre (mi abuelo: José Valdivieso Martínez), le decía que callara y que no había visto nada. De esta manera no se metían en problemas.
También cuenta que en el cortijo de Fuente Hellín, llegaron un grupo de Guardias Civiles con un muerto atado a un caballo. Obligaron al cortijero a que lo bajara al suelo, pero al ver el estado en el que se encontraba dicho cadáver se murió de la impresión. Y es que la forma que tenía la Guardia Civil de atrapar a estos personajes era, además de lo ya explicado anteriormente, el acecharlos como a conejos a la salida de las cuevas que hay por toda la sierra. Cuando salían, les disparaban y si no salían, les prendían fuego a la boca de la cueva como se hace con los zorros cuando quieren que salgan de la zorrera.