También venían hombres con bestias que traían unas agüeras y en ellas metidos los cántaros, que muchas veces venían con cuatro (2 a cada lado). Una vez llenados, los llevaban de la misma forma que los habían traído, al cortijo, para, una vez allí, depositarlos en las cantareras y poder disponer de esa agua para cocinar o simplemente beber, ya que para lavar la ropa, se hacía siempre en el río de rodillas, las mujeres lavaban todos los días, ya que se ensuciaba bastante ropa con las labores del campo. Con calor o con frío pues lavadora no había. Aclaraban la colada, luego la tendían al sol. El jabón era casero. Los panales de jabón se hacían en casa con sobras de aceite, grasa y sebo a las que se añadía sosa, sometiendo la mezcla a determinado proceso de cocción.
La ropa no abundaba, mas bien escaseaba por lo que también se remendaba una y otra vez hasta que ya no le cabían más remiendos.
Íbamos todas las amigas juntas y hacíamos muchos viajes a la fuente, buscábamos cualquier excusa para ir a la fuente y así veíamos a los mozos que iban a llevar las bestias a que bebieran agua al abrevadero. También lo pasábamos muy bien cuando íbamos a lavar la ropa al lavadero todas juntas nos reíamos mucho lo pasábamos muy bien a pesar que trabajábamos mucho y comíamos poco, pero éramos muy felices.
Las mujeres tenían que permanecer durante horas arrodilladas en las losas o en el barro de la orilla. Empleaba un día para mojar y la ropa blanca llegaba a casa húmeda y con jabón dispuesta para ser sometida al proceso de blanqueado, para lo que se utilizaba una cesta. Este procedimiento consistía en colar agua caliente mezclada con ceniza. Al día siguiente iban a aclarar la ropa, que después tendían al sol.
A veces, los dichos no eran para agradar a las mozas que llenaban los cántaros o botijos:
No te figures que voy
por ti a la fuente a beber;
no voy por ti ni por nadie
que voy porque tengo sed.
La ropa no abundaba, mas bien escaseaba por lo que también se remendaba una y otra vez hasta que ya no le cabían más remiendos.
Íbamos todas las amigas juntas y hacíamos muchos viajes a la fuente, buscábamos cualquier excusa para ir a la fuente y así veíamos a los mozos que iban a llevar las bestias a que bebieran agua al abrevadero. También lo pasábamos muy bien cuando íbamos a lavar la ropa al lavadero todas juntas nos reíamos mucho lo pasábamos muy bien a pesar que trabajábamos mucho y comíamos poco, pero éramos muy felices.
Las mujeres tenían que permanecer durante horas arrodilladas en las losas o en el barro de la orilla. Empleaba un día para mojar y la ropa blanca llegaba a casa húmeda y con jabón dispuesta para ser sometida al proceso de blanqueado, para lo que se utilizaba una cesta. Este procedimiento consistía en colar agua caliente mezclada con ceniza. Al día siguiente iban a aclarar la ropa, que después tendían al sol.
A veces, los dichos no eran para agradar a las mozas que llenaban los cántaros o botijos:
No te figures que voy
por ti a la fuente a beber;
no voy por ti ni por nadie
que voy porque tengo sed.