FREILA: Un día esta mujer enfermó y aunque su marido le prestó...

Un día esta mujer enfermó y aunque su marido le prestó toda clase de atenciones no pudo evitar su muerte, recibiendo una sentida sepultura en el próximo cementerio de El Moro. La desgracia de aquella familia se acrecentaba con su miseria y el elevado número de hijos, todos pequeños y de corta edad, que habían quedado al cuidado del padre y aunque éste se forzaba en sacar adelante la casa no podía y le faltaba tiempo. Sus lamentos eran continuos y tanto dicen que lloraba a su esposa que en las mejillas, pulidas por el sol y el viento, como las rocas de las Piedras de Vergara, le aparecieron dos surcos como los que él marcaba en la tierra cuando labraba. Pero cuenta que la suerte le cambio cuando un día se levantó y sorprendentemente encontró sembrados de lentejas los bancales en los que el día antes el había estado con su ganado. El suceso, que se interpretó como obra de la mujer y madre que había acudido en ayuda de su esposo e hijos, causó gran conmoción en toda la Sierra de Baza, al no encontrársele explicación natural alguna y pronto comenzó a correr la idea de que la madre de estos niños había vuelto convertida en maga buena y bondadosa para ayudar a sus hijos, a los que estuvo acompañando, orientado y guiando hasta que fueron capaces de subsistir por sí mismos en la Sierra de Baza, donde terminaron sus días y cuentan que tan fugaz y misteriosa como apareció la maga, también desapareció y nunca más se supo de ella. Aun cuando algunos pastores me aseguran haberla visto en las noches de luna llena, en los alto de algunas de estas moles rocosas, vigilando el paisaje e incluso me aseguran, que cuando el rocío cubre estas rocas, si las examinamos antes de que desaparezca con los primeros rayos de sol, encontraremos marcadas entre los cristales de hielo las huellas de la maga que durante la noche antes estuvo recorriendo estos peñascos y que sigue en este lugar expectante a prestar ayuda a quien la necesite.