La labor en el horno comenzaba ya el día anterior. El horno se calentaba desde las 9 de la noche hasta las 12. Metían la leña a un lado del horno, dentro de la misma cúpula donde cocerían el pan. Tras preparar el horno, que alcanzaba una elevada temperatura (unos 250ºC), ya no había que calentarlo más, con el calor residual se cocían panes toda la noche, y repostería de menor tamaño ya de día, cuando el horno estuviera más frío.
Sacaban las cenizas del horno hasta cerca de la boca, donde las recogían con una pala de hierro. Los hornos tenían un lugar dedicado a guardar las cenizas, que a menudo tenían aún brasas El hornero u hornera colocaba los panes en una larga y fina pala de madera, cuyo mango era capaz de llegar al último rincón del interior del horno.
El tiempo de cocción, aunque dependía de lo caliente que estuviese el horno, venía a durar unos treinta minutos.
La capacidad de los hornos era elevada. Hacía falta habilidad para rellenarlo bien, y dejar la separación entre los panes.
Las familias preparaban un buen montón de pan en cada ocasión. Comentan que con 100 kilos de harina de muy buena calidad podían obtenerse unos 130 kilos de pan. Otros nos lo recordaban en arrobas, "con una arroba de trigo (12 kilos) salían unos 15 kilos de pan".
Para que el pan no se pegara a la pala y "que corriera bien" las mujeres echaban un poco de una harina de tercera clase que resultaba como subproducto de la molienda del trigo bajo él.
Sacaban las cenizas del horno hasta cerca de la boca, donde las recogían con una pala de hierro. Los hornos tenían un lugar dedicado a guardar las cenizas, que a menudo tenían aún brasas El hornero u hornera colocaba los panes en una larga y fina pala de madera, cuyo mango era capaz de llegar al último rincón del interior del horno.
El tiempo de cocción, aunque dependía de lo caliente que estuviese el horno, venía a durar unos treinta minutos.
La capacidad de los hornos era elevada. Hacía falta habilidad para rellenarlo bien, y dejar la separación entre los panes.
Las familias preparaban un buen montón de pan en cada ocasión. Comentan que con 100 kilos de harina de muy buena calidad podían obtenerse unos 130 kilos de pan. Otros nos lo recordaban en arrobas, "con una arroba de trigo (12 kilos) salían unos 15 kilos de pan".
Para que el pan no se pegara a la pala y "que corriera bien" las mujeres echaban un poco de una harina de tercera clase que resultaba como subproducto de la molienda del trigo bajo él.