Cuando despedimos el calor del verano y se acercan los días fríos, nos vienen a la memoria los momentos que se pasaban al calor de una buena lumbre o los olores inconfundibles de los dulces navideños. Es por lo que vamos a recordar al horno de leña, precursor de las panaderías actuales.
Normalmente en cada cortijo había un horno de leña, utilizado por las mujeres para cocer el pan y los dulces. Esto se hacía cada 10-12 días, conservándose el pan en unas orzas de barro que tapaban con una tapadera de madera. La levadura se iba pasando de vecina en vecina, que utilizaba una parte para hacer su masa y añadía algo a la levadura común, para que la siguiente siempre tuviese levadura fresca. También se cocía pan de centeno para alimentar a los perros, y si corrían malos tiempos, para consumo humano. Cuando ya se había cocido el pan y el horno aún estaba caliente, se metían manzanas a cocer, lo que hacía las delicias de los más pequeños.
Los grupos de amigos del hornero "se apretaban" allí en las largas noches de invierno para calentarse, hablar, contar historias, cantar.....
En estos hornos de pan se solían quemar fajos de aliagas y otras plantas adecuadas. Como hoy en día las aliagas (aulaga) no tienen utilidad para los vecinos, estas plantas crecen a su libre albedrío y podemos caer en la falsa percepción de que debía ser una planta muy abundante y fácil de recolectar. Pero lo cierto era que, debido al esquilmado a que se sometía a las aliagas, la recolección de suficientes fajos no se podía hacer sin recorrer distancias apreciables.
Normalmente en cada cortijo había un horno de leña, utilizado por las mujeres para cocer el pan y los dulces. Esto se hacía cada 10-12 días, conservándose el pan en unas orzas de barro que tapaban con una tapadera de madera. La levadura se iba pasando de vecina en vecina, que utilizaba una parte para hacer su masa y añadía algo a la levadura común, para que la siguiente siempre tuviese levadura fresca. También se cocía pan de centeno para alimentar a los perros, y si corrían malos tiempos, para consumo humano. Cuando ya se había cocido el pan y el horno aún estaba caliente, se metían manzanas a cocer, lo que hacía las delicias de los más pequeños.
Los grupos de amigos del hornero "se apretaban" allí en las largas noches de invierno para calentarse, hablar, contar historias, cantar.....
En estos hornos de pan se solían quemar fajos de aliagas y otras plantas adecuadas. Como hoy en día las aliagas (aulaga) no tienen utilidad para los vecinos, estas plantas crecen a su libre albedrío y podemos caer en la falsa percepción de que debía ser una planta muy abundante y fácil de recolectar. Pero lo cierto era que, debido al esquilmado a que se sometía a las aliagas, la recolección de suficientes fajos no se podía hacer sin recorrer distancias apreciables.