Lo que allí pasó ese verano no lo sé, puesto que a esa edad parte de los recuerdos deben permanecer escondidos en mi cabeza. Lo que ahora voy a contar es recogido de lo que mis padres me contaron.
Todos los días, como de costumbre, mis padres salían temprano a trabajar, dejándome a cargo de mi abuela y regresaban a las 6 de la tarde. Yo, como cualquier niño de mi edad, pasaba el día jugando en el campo, bien con los juguetes que me había traído conmigo, bien intentando cazar mariposas o con cualquier otra cosa o ser vivo que me llamara la atención. Mientras, mi abuela se ocupaba de las faenas propias de la casa, puesto que el molino aparte de ingenio para moler trigo era una casa con una amplia cocina en la planta baja, y en la primera planta los dormitorios a los que se accedía por medio de unas rústicas escaleras.
Todos los días, como de costumbre, mis padres salían temprano a trabajar, dejándome a cargo de mi abuela y regresaban a las 6 de la tarde. Yo, como cualquier niño de mi edad, pasaba el día jugando en el campo, bien con los juguetes que me había traído conmigo, bien intentando cazar mariposas o con cualquier otra cosa o ser vivo que me llamara la atención. Mientras, mi abuela se ocupaba de las faenas propias de la casa, puesto que el molino aparte de ingenio para moler trigo era una casa con una amplia cocina en la planta baja, y en la primera planta los dormitorios a los que se accedía por medio de unas rústicas escaleras.