Casi todas las aves acuden frecuentemente al agua a limpiar su plumaje para conservarlo en perfecto estado; esta labor la realiza también la urraca. Una vez introducidas sus patas en la charca, introducen la cabeza y finalmente las alas realizando unas sacudidas fuertes a ambos lados, sin llegar a sumergir por completo su cuerpo de una vez, ya que podrían tener problemas para salir del agua.