El desarrollo de los renacuajos es muy rápido pues tienen que terminar la metamorfosis antes de que se seque la pequeña charca o cuneta donde suelen nacer. En uno o dos meses se convierten en pequeños sapillos de 1 cm. Las larvas hasta entonces se han alimentado de materia vegetal y animal y para acelerar su crecimiento se sitúan apelotonadas en los bordes de la charca, donde la profundidad es menor y la temperatura por tanto mayor. Si el año es escaso en lluvias, pueden producirse auténticas catástrofes y los renacuajos a medio desarrollar agonizan y mueren en el barro por la falta del líquido elemento. En épocas de sequía como la padecida en Granada durante la primera mitad de la década de los 90, era difícil localizar juveniles, aunque la longevidad relativamente larga de los adultos (unos 10 años), les permite sobrevivir hasta la llegada de un nuevo periodo húmedo.