El sapo común representa un elemento más de los ricos ecosistemas que aún nos rodean, y es una pena, que a causa de una serie de leyendas sin fundamento, y una “incultura” occidental que se ceba sobre la mayoría de nuestras especies de anfibios y reptiles, muchos ejemplares mueran bajo la bota o el azadón. Debemos intentar entre todos, cambiar la imagen negativa que acompaña a esta especie. El conocimiento de la naturaleza y sus elementos es la base fundamental para su conservación. Si alguna vez tenemos la suerte de tropezarnos con un sapo, el único problema que puede causarnos, es un olor un tanto desagradable a ajos que nos queda en las manos si lo cogemos. Debemos lavarlas con agua abundante y no tocarnos los ojos, la boca u otras mucosas. Ni el sapo nos escupe, ni nos quedamos calvos, ni nada de eso. Simplemente lleva a cabo su existencia sin molestar a nadie, y cargando a sus espaldas el sanbenito de magia, demonismo y brujería que a su pesar, le hemos colocado.