Durante el primer año de vida tienen un crecimiento muy rápido, llegando al tercer año al estado adulto, y pudiendo vivir más de diez años, hasta treinta en ejemplares cautivos. Conforme van creciendo van ampliando su espectro alimentario, que incluye multitud de invertebrados e incluso otros anfibios, pequeños reptiles, mamíferos y aves. Entre sus enemigos se encuentran las culebras viperina y de collar, las víboras, rapaces nocturnas y diurnas y diversos mustélidos. Destacar también que una especie de mosca (Bufolucilia bufonivora) deposita sus huevos sobre el cuerpo de los sapos, posteriormente las larvas se introducen en el cuerpo y literalmente los devoran vivos, hasta causarles su muerte. Las toxinas presentes en la piel son potentes y algunos mamíferos que intentan comérselos pueden sufrir graves secuelas. La nutria y otros mustélidos se cuidan mucho de despellejar al sapo antes de su ingestión. Aparte de la toxicidad de la piel, y de la secreción venenosa de color amarillento que segregan por las glándulas parótidas, poseen otro mecanismo de defensa muy curioso, que consiste en hincharse de aire, levantar las patas traseras y agachar la cabeza, consiguiendo de este modo un notable aumento de volumen y dificultando su ingestión, sobre todo por parte de las culebras.