El desarrollo acuático de las larvas suele ser largo, y depende de la abundancia de comida y de la temperatura del agua. En zonas situadas a gran altitud, en que la primavera se retrasa y el agua está más fría, las machos depositan las masas de huevos al final de la primavera o incluso en pleno verano, por lo que a las larvas no les da tiempo a terminar la metamorfosis y permanecen en el agua hasta la primavera o verano siguientes, alcanzando tamaños muy considerables. En zonas bajas el desarrollo es más rápido y al final del verano o principios del otoño pueden encontrarse pequeños sapillos recién metamorfoseados (unos 2cm de longitud). Las larvas que han pasado el invierno en el agua, al alcanzar mayor tamaño, dan lugar a juveniles de mayor tamaño que las otras, lo cual también es una ventaja para la vida terrestre de los nuevos sapillos.