Cuando se ve amenazado adopta una conducta defensiva, arqueando el cuerpo. También produce sustancias tóxicas a través de las glándulas de la piel, y lo más llamativo es que a voluntad, puede atravesar su piel con los extremos puntiagudos de sus costillas, provocando un doloroso pinchazo a aquel que intenta comérselo. Para el hombre es completamente inofensivo, y las únicas precauciones que debemos tomar si cogemos uno, es lavarnos posteriormente con abundante agua y jabón, no tocarnos la boca o los ojos y sobre todo tener cuidado de no pincharnos con sus punzantes costillas.