Los machos suelen llegar primero a los lugares de puesta, y si estos no tienen agua, porque las precipitaciones hayan sido escasas, permanecen escondidos en las inmediaciones a la espera de que haya la suficiente. El macho, tras reconocer a la hembra por su olor, se sitúa debajo de ella sujetándola con sus brazos y colocándosela a la espalda. En esta posición pueden permanecer varias horas e incluso días. A continuación suelta un brazo y se voltea, estimulando a la hembra y depositando en el suelo una serie de pequeñas bolsas (6 o 7) que contienen los espermatozoides. Estas bolsas se denominan “espermatóforos”. La hembra los recoge ayudándose con las patas y los introduce en su oviducto, momento en el cual se separan. Si existen muchos machos las cópulas pueden ser muy disputadas y en las trifulcas consiguientes algún macho ajeno puede depositar su propio espermatóforo cerca de la hembra de algún contrincante.