Al igual que otros anfibios lleva una vida crepuscular y nocturna, teniendo mayor duración, en nuestras latitudes, de la fase acuática que la terrestre. Fuera del agua se refugian bajo piedras, troncos, y los cada vez más abundantes residuos que el hombre abandona cerca de las charcas, como semilleros de poliespán, frecuentes en los llanos de Zafarraya o ruedas, sillones y colchones viejos. Destacar que en un muestreo realizado en esta zona, encontramos decenas de individuos refugiados bajo uno de estos “mobiliarios”. Salen de sus refugios en noches lluviosas o con humedad elevada, bien para alimentarse o para dirigirse a los lugares de reproducción.