Aunque por algunos autores se ha indicado que las excrecencias o botones que presenta la cuerna, llamadas perlas, van aumentando en su número con la edad del individuo, no hay evidencia de correlación entre edad y perlado. Hoy se cree con cierto fundamento que la mayor abundancia o no de perlas tiene que ver con un retraso en el descorreado de forma que al retrasarse más se mantiene la circulación periférica del tejido óseo durante más tiempo, y ese mayor aporte local de nutrientes (en especial protéico) da lugar al perlado.