Otros rastros: Muy variados, como son restos de comidas y desgarros en las víctimas que han muerto por su actuación. Los conejos suelen morir de un mordisco en la nuca y ejemplares mayores como los cérvidos de un mordisco en la garganta. Rara vez hay señales de lucha cuando la muerte es producida por el lince. La forma de comerse a sus víctimas es también muy característica de la especie, se ha dicho que “el lince es muy delicado” y no se come ni la cabeza, ni la nuca, tampoco los pulmones ni vísceras.