Con el aspecto característico de un cánido, el lobo es de complexión robusta, cabeza grande y redondeada, en la que destacan sus orejas triangulares, siempre erguidas, aunque cortas, y sus vivos ojos de color dorado o ambarino. El pelaje del lobo, adaptado a los rigores de la montaña, es muy espeso, más en invierno que en verano, mientras que la cola es gruesa y aparece densamente poblada.