Los restos de plantas roídos por el animal son también otro buen rastro, ya que es curiosa su costumbre de comer solamente el tallo y despreciar las hojas. En el caso de los árboles, atacan solo la corteza y dejando un característico anillamiento de roedura, descortezando la base de los tallos y troncos. Bajo el suelo ataca también las raíces e incluso el cuello del tronco de la planta, por debajo del suelo, lo que puede motivar que el árbol o arbustos se sequen sin motivo aparente para el observador medio. También consumen una amplia variedad de frutos (naranjas, manzanas, peras) cuando estos se encuentran caídos en tierra. Otro buen rastro son las galerías superficiales que deja en el suelo el topillo, particularmente en la primavera, tras el deshielo, en los prados de alta montaña.