En los trabajos dirigidos por Sacramento Moreno (Estación Biológica de Doñana), Mauro Cristaldi (Universidad de Roma) y Juan López Barea (Dpto. Bioquímica y Biológico Molecular, Universidad de Córdoba), se pone de manifiesto como en las dos última décadas diferentes estudios han demostrado que los micromamíferos acumulan un amplio espectro de agentes contaminantes que están presentes en el ecosistema en el que desarrollan su vida. En el mismo sentido se han detectado correlaciones significativas entre la contaminación del entorno vital por pesticidas, radioactividad o metales pesados y la aparición de daño genético en determinadas especies de roedores. La primera aproximación al uso de Mus spretus como bioindicador en Doñana se realizó en 1994 para evaluar el efecto de la contaminación producida por el Polo Industrial de Huelva. Los resultados de este estudio mostraron la existencia de anomalías genéticas en los ejemplares expuestos a los contaminantes producidos por el polo industrial. Los autores destacan como aparecía por ejemplo un incremento significativo de hematíes micronucleados tanto en sangre periférica como en médula ósea y también un aumento significativo de espermatozoides anómalos. Basándose en estos resultados, los ratones morunos fueron utilizados como elementos bioindicadores de la contaminación producida por la rotura de la balsa de lixiviados con elevadas concentraciones de metales pesados y arsénico de la mina de Aznalcollar, en el entorno de Doñana y posteriormente por la producida por la presencia de pesticidas en determinadas zonas. En ambos casos (Polo Industrial de Huelva y Aznalcollar), se comprobó la utilidad del uso de Mus spretus como bioindicador de contaminación ambiental.