El ancestro más antiguo que se le conoce al gato es el MIACIS, uno de los primeros mamíferos en poblar la tierra, de craneo achatado, cuerpo largo y delgado, patas cortas y cola larga. Se cree que habitaba en los árboles, cazando pequeños animales para alimentarse. Como los gatos de hoy en día poseía uñas retráctiles que usaba para cazar, pelear, correr y trepar los árboles. Es aceptado por la gran mayoría de los científicos como el ancestro de mapaches, osos, civetas, hienas, perros y gatos. De este MIACIS, surgieron dos grandes líneas de félidos una de las cuales, la de félidos de gran tamaño da origen al Smilodon (el tigre dientes de sable) de la cual no quedan exponentes pues toda esa línea se extinguió. La otra, que incluye al Dinictis produjo una serie de felinos más pequeños, ágiles e inteligentes que el Smilodon. Muchos investigadores coinciden en que esta línea es la que dio origen a todos los felinos existentes hoy en día, incluido el gato montés y el gato doméstico. Por lo que taxonómicamente se encuentra ya superada la idea muy arraigada entre antiguos naturalistas que el gato doméstico desciende del gato salvaje egipcio (Felis lybica), pero hoy en día se considera que tanto el gato montés o europeo como el egipcio o africano arrancan, al igual que el gato montés asiático, de un mismo tronco: el Felis catus, del que derivaron hasta constituir estas especies, que en realidad constituyen subespecies del Felis catus. Esto explica que según los estudios más modernos, el gato montés y el doméstico se pueden cruzar entre sí y que sus descendientes sean perfectamente fértiles, lo que está creando problemas para conservar la pureza de la especie.