EL TURÓN EN LA SIERRA DE BAZA
Es el más escaso de los carnívoros presentes en la Sierra de Baza, donde sus hábitats están prácticamente circunscrito a los cursos fluviales de la zona oriental del Parque, fundamentalmente en las zonas de los arroyos Uclías y Moras, donde alcanza la mayor densidad, pudiendo ser de unos dos individuos por cada kilómetro de tramo fluvial. La población total de turones de la Sierra de Baza se estima en un individuo por cada 750/1.000 Km2 lo que supone una población total de tan solo unos 50 a 75 individuos en todo el territorio del Parque, con dudosas posibilidades de supervivencia a medio plazo si no mejora la situación de los hábitats que le sirven de refugio, actualmente muy fragmentados y aislados, por algunas actuaciones deforestadoras afrontadas precisamente en la zona del arroyo Uclías, lo que ha sido su principal refugio natural, ejecutada con muy pocos criterios técnicos.
Hasta no hace muchos años se practicaba en la Sierra de Baza la caza con hurones (la variedad doméstica del turón), UNA ACTIVIDAD PROHIBIDA EN LA ACTUALIDAD en la Península Ibérica, aunque continúa autorizada en algunas zonas de las Islas Canarias. Los hurones eran alimentados con leche, y se llevaban a cazar a las madrigueras de conejos, donde se introducían en busca del animal, el que salía ahuyentado, momento en que era acribillado o cazado con redes, sin dejarle posibilidad defensiva al animal. Había ocasiones en que los hurones se quedaban dentro de la madriguera comiéndose al conejo que habían capturado y no salían, ante lo que se empleaban dos soluciones para no perder el animal: se localizaban y tapaban todas las bocas de madriguera dejando una sola salida, en la que se esperaba a que el hurón saliera, en una espera que podía durar más de un día, o se cavaba en la madriguera, ensanchando la misma, hasta dar con el hurón, lo que suponía grandes esfuerzos, por lo que lo que algunos cazadores de hurón en previsión de esta eventualidad previamente ataban al hurón una cuerda ligera, aunque resistente, llamada “la línea”, de la que en el supuesto de retenerse en el interior el carnívoro se tiraba con fuerza hasta arrastrarlo fuera. Otros cazadores de hurón colocaban un bozal al carnívoro, considerando que no pudiéndose comer al conejo no se quedaríandentro y así lo recuperaría sin problemas.
Es el más escaso de los carnívoros presentes en la Sierra de Baza, donde sus hábitats están prácticamente circunscrito a los cursos fluviales de la zona oriental del Parque, fundamentalmente en las zonas de los arroyos Uclías y Moras, donde alcanza la mayor densidad, pudiendo ser de unos dos individuos por cada kilómetro de tramo fluvial. La población total de turones de la Sierra de Baza se estima en un individuo por cada 750/1.000 Km2 lo que supone una población total de tan solo unos 50 a 75 individuos en todo el territorio del Parque, con dudosas posibilidades de supervivencia a medio plazo si no mejora la situación de los hábitats que le sirven de refugio, actualmente muy fragmentados y aislados, por algunas actuaciones deforestadoras afrontadas precisamente en la zona del arroyo Uclías, lo que ha sido su principal refugio natural, ejecutada con muy pocos criterios técnicos.
Hasta no hace muchos años se practicaba en la Sierra de Baza la caza con hurones (la variedad doméstica del turón), UNA ACTIVIDAD PROHIBIDA EN LA ACTUALIDAD en la Península Ibérica, aunque continúa autorizada en algunas zonas de las Islas Canarias. Los hurones eran alimentados con leche, y se llevaban a cazar a las madrigueras de conejos, donde se introducían en busca del animal, el que salía ahuyentado, momento en que era acribillado o cazado con redes, sin dejarle posibilidad defensiva al animal. Había ocasiones en que los hurones se quedaban dentro de la madriguera comiéndose al conejo que habían capturado y no salían, ante lo que se empleaban dos soluciones para no perder el animal: se localizaban y tapaban todas las bocas de madriguera dejando una sola salida, en la que se esperaba a que el hurón saliera, en una espera que podía durar más de un día, o se cavaba en la madriguera, ensanchando la misma, hasta dar con el hurón, lo que suponía grandes esfuerzos, por lo que lo que algunos cazadores de hurón en previsión de esta eventualidad previamente ataban al hurón una cuerda ligera, aunque resistente, llamada “la línea”, de la que en el supuesto de retenerse en el interior el carnívoro se tiraba con fuerza hasta arrastrarlo fuera. Otros cazadores de hurón colocaban un bozal al carnívoro, considerando que no pudiéndose comer al conejo no se quedaríandentro y así lo recuperaría sin problemas.