En la antigua Roma cuando se daba el adulterio en un matrimonio, el castigo que la ley marcaba era amputar la nariz. La pena que se imponía en la Babilonia antigua cuando una mujer ya casada era violada era procurarle la muerte ahogándola con su violador. En Gran Bretaña, hasta que en 1884 se modificó la normativa que legislaba esta materia, las mujeres que no accedían a mantener relaciones sexuales con sus maridos podrían ser sometidas a pena de cárcel.