Además de contribuir a la liberación de las mujeres, la Segunda Guerra Mundial dejó un legado de muertes dolorosas, y por lo tanto, de fantasmas. Su presencia parece sentirse en el metro, donde la gente se escondía de los bombardeos aéreos en los 391 kilómetros de túneles que serpentean por debajo de la ciudad. En 1981, el jefe de la estación de metro de Bethnal Green, en el este de Londres, escuchó gritos infantiles de madrugada, desde su oficina. Poco a poco los chillidos subieron de volumen y también comenzaron a escucharse gritos de mujeres. El jefe salió corriendo de la oficina. En la estación murieron 173 personas durante un ataque aéreo en la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de los muertos fueron niños y mujeres.