Bien puede decirse que hay tantos tipos de estigmas como estigmatizados. Existe, sin embargo, una característica común que marca el comienzo de la estigmatización. Generalmente, el afectado es un visionario y recibe sus heridas en el curso de un éxtasis profundo en el que la luz se manifiesta como agente primordial. El místico suele ser presa de un éxtasis intenso, durante el cual contempla una figura radiante que representa a Cristo en la cruz y de cuyas llagas parten rayos. La stigmatizada Marie-Julie Jahenny relataba así su experiencia: "Nuestro Señor se me apareció con sus cinco llagas resplandecientes. Había como un Sol en torno a ellas. De cada llaga surgió un rayo luminoso que golpeó mis manos, mis pies y mi costado. En el extremo de cada rayo había una gota de sangre roja". La experiencia es fulminante y arrasa todos los contenidos de la conciencia.