Tras años de silencio finalmente lo rompería para afirmar que la jerarquía eclesiástica le obligaba a mantener el secreto de sus investigaciones. Poco antes de morir en abril del 94 se rumorea que mandó una carta donde decía que la existencia de una máquina capaz de mostrar las imágenes del pasado era cierta, que también era verdad que se hubiera conseguido la imagen de Jesús, a pesar del fraude de Collevalenza, y que ciertamente la iglesia le obligaba a guardar silencio.