Según algunos investigadores modernos lo realmente ocurrido es más prosaico que la sobrenatural relación de una bruja con el maligno. La sirvienta Anna Goeldi parece que con quien tenía una relación amorosa era con su amo, Jakob Tschudi. Ella, cuando fue expulsada de la casa, amenazó con revelarlo todo, y como el adulterio era un delito … el magistrado puso en marcha la maquinaria judicial de la época y al fin, bajo tortura, la pobre sirvienta confesó toda suerte de estereotipos: que se le apareció el diablo en forma de perro negro o que las agujas de las había proporcionado Satanás.