La primera evidencia histórica de combustión humana aparece en 1673, cuando el francés Jonas Dupont publicó un libro denominado De Incendiis Corporis Humani Spontaneis, el cual era una colección de casos de combustión humana. Dupont se inspiró para escribir este libro luego de conocer el caso de Nicole Millet, en el cual un hombre fue acusado de la muerte de su esposa, quien falleció, según la corte, por “combustión espontánea”. Millet, una bebedora francés empedernida, fue encontrada en su cama reducida a cenizas, dejando sólo el cráneo y sus dedos en perfecta condición. Lo más sorprendente de todo es que la cama casi no sufrió daños.
El libro de Dupont creó un nuevo mito urbano y agitó la imaginación popular.
El libro de Dupont creó un nuevo mito urbano y agitó la imaginación popular.