Mas, si lo que oigo sobre los que circulan los mares hoy en día es cierto, no puedo sino alegrarme de mi triste compaña. Malos augurios portamos nosotros ante el ímpetu de portugueses y franceses. Quizás los condenados, por la escasa pérdida, sean los únicos dispuestos a hacer frente a estos navegantes bravíos de recios cañones. Bocas de fuego preparadas a escupir dolor y muerte a nuestro paso. Muerte de afilada guadaña que pretendo esquivar para regresar a vuestro lado.