Por desgracia, no pude entrar a formar parte de la tripulación de las dos primeras carabelas que envió Colón a mediados de enero desde estos mismos diques y bajo el mando de Pedro Hernández Coronel. Noventa hombres partieron entonces y apenas una quincena debían labrar las nuevas tierras. El resto, que me llegó de buena tinta, como dicen, estaban señalados para formar cuadrillas y trabajar en las minas, para sacar oro, del cual deben dar cada día cierta cantidad... y lo demás que saquen, para su bolsa. Fortuna la de estos condenados que encontraron el indulto de cualesquiera crímenes, excepto del de herejía, y fueron enviados por las justicias a Sevilla, al cargo del Conde de Cifuentes, que, luego, les entregó al Almirante y, éste, deportó a La Española.