Y nadie parece tener más empeño en la empresa que el propio genovés, a quien, en cambio, se le ha negado el optimismo de allá el 1492 y las pontificias bulas de su segundo y posterior viaje. Sin duda, se nota en el aire la pesadumbre de los reyes ante la muerte en el octubre del pasado año del heredero, el príncipe don Juan, y el desgraciado nacimiento sin un soplo de vida, en el siguiente diciembre, del que debía ser su hijo póstumo.