FREILA: Yo, en cambio, prefiero creer en las bondades que predica...

Yo, en cambio, prefiero creer en las bondades que predica el Almirante sobre tan lejanas tierras. Y no es un creer a ciegas. O, quién sabe, quizás sí. Pero vos, querida mía, también creeríais si escucharais hablar al tal Colón, al contemplar cómo las palabras se agolpan en su boca y surgen, a borbotones, incapaces aún de describir completamente las maravillas que él ya ha visto. Palabras derrotadas por la pasión que sólo pueden existir en un marinero que ha sido sorprendido por nuevos lugares. Además, ¿no han creído en él los que en todo el mundo reconocen como reyes de Castilla, aquellos a quienes obedecieron nobles y lacayos, generales y soldados para arrancar a los perros moros de los muros de Granada? Si ellos han creído y han confiscado carabelas para este tercer viaje, justo cuando los armadores se las negaban a Colón ¿no debemos creer nosotros y depositar nuestras esperanzas en las riquezas que esperan al otro lado del mundo?