Jerez de la Frontera destaca entre su entorno por su elegancia y discreción. No se puede decir que no sea alegre como las poblaciones circundantes, pero se caracteriza por una alegría discreta. Tampoco podría decirse que no sea colorida, pero es un colorido prudente. Es, en suma, un reducto de armonía y bien estar. Pasear por las calles y plazas de su casco antiguo retrotrae al viajero a otra época. Tiene multitud de rincones dignos de visitar que no dejarán indiferente a quien los contemple. La arquitectura de sus edificios modernos, cuidadosamente integrada con el entorno de la ciudad histórica, destaca por su sobriedad y galanura.