Entre sus esposas y concubinas destacó Zahra, su favorita, alrededor de la cual se tejió la leyenda de la fundación de la ciudad. Zahra murió dejando una gran fortuna que, de acuerdo con su testamento, debía destinarse a rescatar musulmanes cautivos en tierras cristianas. El califa mandó emisarios a los reinos cristianos, no pudiendo encontrar ni un solo moro preso. Entonces decidió utilizar aquellos caudales para fundar una ciudad que llevaría el nombre de su amada. Esta ciudad fue Madinat al-Zahra, que en notación castellana se escribe Medina Azahara y que en árabe significa “la ciudad de la flor”.