Madinat al-Zahra fue mandada construir por el primer califa de al-Andalus, Abd al-Rahman III (891-961) como parte del programa político, económico e ideológico puesto en marcha tras la instauración del califato. Como residencia personal y sede del gobierno, la zona palaciega albergaba las viviendas de los dignatarios más importantes y el conjunto de los órganos administrativos del Estado, que fueron trasladados desde Córdoba. La ciudad se levantó a ocho kilómetros de Córdoba, al pie del monte que llamaban de la novia. Su construcción duró veinticinco años, pero mucho antes de su finalización ya se había convertido en uno de los lugares más portentosos del mundo y en sede de la corte. Por ello se constituyó como capital de al-Andalus. Por sus salones desfilaron los embajadores procedentes de los países mediterráneos y de toda centroeuropa. Las fuentes históricas apuntan a la participación de unas diez mil personas que trabajaban diariamente en su construcción.