Coincidiendo con la ocupación de los árabes, en el siglo X, Córdoba ostentó la capitalidad espiritual y científica del mundo occidental dada su política de tolerancia religiosa, que mantuvo hasta la Reconquista, acontecimiento que provocó el destierro de muchos ilustres pensadores no cristianos. De aquella época queda en pie la mezquita, el monumento más importante y emblema histórico de capital.