Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
a tus ojos oceánicos.
Allí se estira y arde en la más alta
hoguera
mi soledad, que da vueltas los brazos como un náufrago.
Hago rojas
señales sobre tus ojos ausentes
que olean como el
mar a la orilla de un
faro.
Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía,
de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.
Inclinado en las tardes echo mis tristes redes
a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.
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