Los cuestionamientos acerca de la veracidad del contacto con los muertos no tardaron en llegar. La verdad fue revelada en 1988 en una confesión pública por la misma Maggie Fox, una de las pioneras en las comunicaciones de ultratumba finalmente conversa a la religión católica. Entonces declararía, ante el estupor de todos, que el origen de los ruidos no estaba en alguna instancia sobrenatural sino en los mismos pies de los anfitriones de las sesiones espirituales, quienes hacían crujir sus nudillos. El espiritismo era un fraude producto de una travesura para aterrorizar a su madre, pero no se esperaban que la nación entera fuese tan impresionable como ella.
La hermanas Fox cayeron en desgracia y morirían en la pobreza, pero el fenómeno de los mediums seguiría captando adeptos. Para entonces las sesiones espiritistas, realizadas a altas horas de la noche y en lugares oscuros e inhóspitos, habían alcanzado una aceptación multitudinaria fuera de EEUU y contaban con una serie de atractivos adiciones: volcaduras de mesa y sillas, luces intermitentes, ruidos y gritos varios, etc. Poco después Parker Brother lanzaría masivamente al mercado el juego de la Ouija, un tablero especial que permitía el contacto con los espíritus desde el hogar y sin la necesidad de contar con un especialista.
El boom de los mediums y las sesiones espiritistas ha sido analizado como un fenómeno de resistencia a la avanzada del mundo moderno, con sus procesos de secularización e industrialización. La mentalidad mítica y mágica, ante el descrédito de las religiones tradicionales, encontró un escenario idóneo en la comunicación con los muertos, lo que explica su éxito rotundo. Este fenómeno de resistencia aún se da en nuestros días, porque hay aspectos de la vida de los hombres que la ciencia y la tecnología no pueden explicar o resolver satisfactoriamente.
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