A todo esto Felipe llamó a un taxi, a ver si les podían venir a recoger a su casita que tenía a la princesa de parto. Se llevaron a la comadrona real, por si las moscas, y allá en el taxi que iban todos. Felipe sacaba un pañuelo para la ventana mientras gritaba: “ ¡Que es una embarazada!” Y allá que iban, mientras el taxista iba a su bola hablando de fútbol: “Pues el Robinho este no sé si hará mucho eh… Martín Lapetra y Schuster.” Lo habían sacado del anuncio de cerveza.
