FREILA (Granada)

trillando
Foto enviada por antonio

De todas formas, esto no pasa solo en los bares. Pasa en cualquier sitio de la ciudad. Hay gente que no la ves nunca en ningún sitio, pero vas al cine, por ejemplo, y te las encuentras allí. Si son conocidos la conversación es siempre la misma: "Anda, otra vez nos vemos aquí" "Sí, qué casualidad" "Sí, ya ves, ni que os hubiéramos venido siguiendo eh, je je je" Mientras le susurra al otro: " ¿Habrán descubierto el transpondedor que le colocamos en los bajos del coche? Espero que no". Espías de pacotilla.
Podría ser por eso que están ahí, pero no. Están por gusto. Porque el bar les mola. A algunos que he visto me parecen más bien mimos de las Ramblas de Barcelona disfrazados de cincuentones dejados. Se mantienen quietos totalmente y cuando les echas una monedilla beben del cubata. O piden otro al camarero, dependiendo del momento. Son un espectáculo, en serio. Vienen guiris del mundo entero a verlos.
Pero lo que pasa es que estas personas existen, no es necesario hacer la estatua. Ellos están ahí y permanecen clavados en la barra de cualquier bar. Ya sea de copas o de tapas. Que en uno de tapas se puede entender, a veces tienen tanta grasa que aunque no quieras te quedas ahí. Que eso le pasó a un amigo mío. Se apoyó, pidió una tapa de chipirones y cuando fue a levantar el brazo se le desgarró la piel y se le veía el hueso y todo. Tuvo que venir la ambulaaancia... Un jaleeeo... Mi amigo gritándole ... (ver texto completo)
A lo que me refiero es a esas personas que están en la barra apostadas formando parte del mobiliario del bar. Yo creo que los diseñadores de bares deberían crear huecos para esas personas. Si montase algún día un bar, cosa harto improbable a no ser que me haga concursante de Gran Hermano, que entonces ya no me queda otra salida que hacer un bar... Si lo hiciese, pondría una estatua de bronce de un señor con palillo de dientes en la boca y camiseta de tirantes imperio con el codo apoyado en la barra ... (ver texto completo)
A veces pasa que en lugares donde vamos de vez en cuando nos encontramos siempre a las mismas personas. Por alguna razón no cambian ni su pose ni su lugar habitual aunque les echen salfumán por la cabeza y aguarrás en los pies. Están ahí. No se sabe por qué, pero ahí aguantan el tipo. En los bares pasa mucho, y ojo, que no me estoy refiriendo a los camareros. No vayáis ahora a uno y le digáis: "Ostras, no sé qué pasa que siempre que vengo te encuentro aquí" Que te dedicará su mejor sonrisa, más falsa ... (ver texto completo)
De todas formas, no hace falta irse a la prehistoria para darse cuenta que lo que se hace hoy en día antes de tener un hijo, sobre todo el primero, es demencial. Estoy seguro que con mucho menos gasto y mucha menos histeria se puede criar un hijo, es más, ¡ya lo hacían hace 20 o 30 años!. Eso sí, si alguna vez tengo uno que alguien me recuerde este post cuando le compre a mi hijo la mansión de Playmobil...
Ahora viene la pregunta: ¿De verdad? ¿De verdad hace falta taaaaaanta cosa para tener un hijo? Claro, así no me extraña que la gente diga: "Uy, un hijo ahora no, que no tengo dinero suficiente" ¡Normal! Si para tener un hijo tienes que gastarte los ahorros de media vida para chorrocientas cosas que el Corte Inglés decidió que necesitaban los niños... Pues sí, hace falta un dineral. Entonces yo me pregunto, ¿qué leches hacían en la prehistoria? ¡Sin pañales y sin Ikea aquello debía ser el caos! " ... (ver texto completo)
Seguidamente viene el gasto máximo. El sonajero, el tacatá, el cambiador de pañales, la bañerita, la cuna, el carrito de bebé de verano, el carrito de invierno, los biberones, las papillas, setenta kilos de pañales, juguetes para aburrir al más ocioso... ¡De todo! Luego la ropa para el bebé, que le durará dos días porque crecerá en nada, pero da igual, tiene muda para dos veces cada día de la semana o más. El asiento especial para el coche, otro más para el coche de los abuelos y además un calendario ... (ver texto completo)
Cuando se acerca la fecha de nacimiento del bebé es cuando el afán consumista se hace más patente que nunca. El temor a que el niño pueda tener algún problema si le falta algo. " ¿Y si nace y no hay biberón?" Hija, para algo tienes la teta. " ¿Y si nace y no tiene el Scalextric?" Disimula un poco, Paco. Los padres tienen esta costumbre: comprarle a los críos lo que siempre quisieron tener para ellos. Es una ley que se va pasando de generación en generación.
El problema es que ser papá hoy en día es una auténtica hecatombe. Yo no sé si seré padre algún día, pero si lo soy que alguien haga algo antes de que me convierta en otro padre histérico más. Antes de que nazca el niño el afán de todos los padres primerizos es el de comprar de todo para el niño. Para que no le falte de ná. ¡Cualquier cosa es poco para su niño! Así pues empiezan con las revistas pre-mamá, mamá, post-mamá y la madre que los parió. Que no se engañen, esas revistas están escritas por ... (ver texto completo)
Dentro de este esquema también está el famoso viaje pre-bebé. Yo de esto no me había dado cuenta hasta que Wise en una conversación me hizo ver la luz: Todas las parejas que cumplen el esquema anterior siempre hacen un viaje al quinto pino, llámese Caribe o la Conchinchina, justo antes de tener un hijo. Porque luego no podrán. Sí, si alguna de vuestras parejas amigas, que el viaje más largo que han hecho en su vida es al Mercadona de las afueras, os dice un día que se van a Punta Cana, tened en cuenta ... (ver texto completo)
Cuando uno se acerca a la madurez y su entorno cercano empieza a formar familias y tener hijos se da uno cuenta de cual es el esquema básico para seguir las pautas en la sociedad que nos rodea. Esto es: echarse novia durante unos años; pelearse de vez en cuando porque es la salsa de la relación, ya sabéis; casarse con un bodorrio o arrejuntarse; comprar una casa; tener un hijo y también un perro en el jardín moviendo la colita. Para que la felicidad sea completa hace falta un televisor de chorrocientas ... (ver texto completo)
Era eso o una visita a urgencias por rotura de tímpano.

Porque después de una conversación así uno termina con los oídos reventados. Poca broma. Un día vino un amigo mío y le digo: "Oye, tío, no te asustes eh, pero... Tu oído está sangrando" Y me dijo: "Sí, es normal, es que acabo de hablar con mi padre el disléxico, que aún confunde teléfono con megáfono, es así". Mucho ojo, porque estas conversaciones son de lo más peligrosas.
Lo peor de todo es que, además, la conversación siempre es de lo más superflua y no le interesa a nadie. Se cumple, pues, la ley de Murphy del cotilla: "El volumen de una conversación será siempre inversamente proporcional al interés de la misma". ¿O no os ha pasado nunca de estar chafardeando la conversación de alguien y cada vez cuesta más pillar alguna palabra? Venga, no disimuléis, que todos hemos estado en una cafetería por la tarde cuando suena un móvil y todo el mundo calla. "Espera un momento ... (ver texto completo)
# Melifica, pero no pica.