Tras la detención de Pomeroy y la consecuente lapidación pública de su
familia, la señora Ruthann vio caer al suelo su
tienda de ropa y sin embargo insistía en la inocencia de su
joven hijo. Ya nadie se acercaba a su
comercio a no ser para ver donde trabajaba el sádico bribón. Mientras ella caía en desgracia económica sus rivales de enfrente ampliaban sus negocios de modo que le ofrecieron
comprar sus locales. Cuando los trabajadores fueron a hacer las remodelaciones y adecuaciones encontraron en
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