Fecundidad de la memoria
El señor no estaba en casa, y el negrito que le servía, abrió la puerta a un forastero muy pomposo.
- ¿Está en casa su amo de usted? -preguntó el forastero.
-Ha salido, -contestó el negrito.
- ¡Cuánto lo siento! -exclamó el forastero.- No traigo tarjetas.
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El señor no estaba en casa, y el negrito que le servía, abrió la puerta a un forastero muy pomposo.
- ¿Está en casa su amo de usted? -preguntó el forastero.
-Ha salido, -contestó el negrito.
- ¡Cuánto lo siento! -exclamó el forastero.- No traigo tarjetas.
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